Cuando falla la hospitalidad, el problema podría estar en el huésped
Photo Credit: Two women participating in a Japanese tea ceremony. Pexels / Teddy Yang
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La mejor hospitalidad no consiste en una prestación impecable y unidireccional. Es un intercambio, y el huésped debe aportar atención, curiosidad y presencia.
Sobre la experiencia
Colin Nagy es estratega de marketing y escribe sobre experiencias centradas en el cliente e innovación en el sector del lujo, hoteles, aviación y otros. Puede leer todos sus artículos en aquí.En Sabi Sands, un buen guía no se queda esperando al león.
Están prestando atención a diversos detalles de la sabana mucho antes de que aparezca nada grande: el grito de alarma de un francolín entre la espesura, la forma en que un termitero se orienta hacia el sol de la mañana, esa quietud particular que precede a algo que merece la pena observar. El espectáculo, cuando llega, es casi secundario. La experiencia ya se ha ido construyendo a través de una acumulación de pequeñas observaciones, unidas por alguien que ha pasado años aprendiendo a fijarse en los detalles.
Pero el intercambio solo funciona si el invitado se presenta.
El viajero que espera al león, con el móvil a punto, probablemente lo verá. El viajero que pregunta por el termitero, que aprende a captar la atención del guía, obtiene algo completamente distinto. Uno se limita a avistar al león, pero el otro empieza a ver.
Esta es la distinción que el sector hotelero rara vez deja clara: el huésped no es simplemente el destinatario de una experiencia. Es parte integrante de la misma.