La economía creativa se sitúa ahora en una fase previa a la economía turística


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Los destinos que triunfarán en la próxima década serán aquellos que comprendan que la cultura es su valor fundamental, y no un simple activo de marketing.

La semana pasada me llamó la atención un nuevo y fascinante artículo del economista y famoso analista de YouTube Jeffrey Sachs, elaborado para el Instituto FII de Arabia Saudí, sobre la inteligencia artificial y las economías emergentes. Según él, a medida que se va reduciendo el antiguo modelo de fabricación intensivo en mano de obra, el crecimiento del empleo en muchos mercados en desarrollo se centrará cada vez más en los servicios: construcción, sanidad, educación, turismo, administración pública y economía creativa. Considera el turismo y la economía creativa como sectores afines dentro de la misma trayectoria de desarrollo. Eso es cierto, en la medida en que se plantea así.

Pero en el sector turístico, esta relación está adquiriendo una importancia cada vez mayor. La economía creativa es, cada vez más, la principal generadora de la demanda turística; es, cada vez más, lo que hace que los destinos sean memorables y que la gente quiera reservar en ellos.

Esto es importante porque el sector turístico sigue tendiendo a considerar la cultura como un elemento secundario. Una campaña la utiliza como recurso. Un vídeo promocional de un destino la utiliza como reclamo. Una oficina de turismo la incluye en un eslogan