Turismo

Lo que Islandia y Puerto Rico nos revelan sobre la brecha social en el turismo excesivo

Skift Take

El marco del sector turístico mundial para gestionar el exceso de turismo se diseñó pensando en los países ricos. Diez años después de que Skift acuñara el término, ese podría ser precisamente el punto débil que ha puesto de manifiesto.

El sector turístico lleva casi una década hablando del sobreturismo como si se tratara de un problema universal con soluciones universales. Reducir la promoción. Distribuir geográficamente a los visitantes. Regular los alquileres a corto plazo. Pasar del volumen al rendimiento. Estas son las recetas que aparecen en todas las ponencias de las conferencias, en todos los planes estratégicos de las organizaciones de marketing de destinos y en todas las presentaciones de consultoría sobre turismo sostenible, y aunque no son del todo erróneas, son incompletas en un sentido que el sector se ha mostrado notablemente reacio a afrontar.

Son soluciones diseñadas para lugares prósperos.

Islandia puede permitirse reducir la promoción turística porque los islandeses cuentan con la pesca y la fundición de aluminio, un PIB per cápita superior a los 85 000 dólares y un primer ministro capaz de decir «quizá debamos bajar el ritmo» sin provocar una crisis económica. Ese mismo colchón existe, de diferentes formas, en todos los lugares donde el debate sobre el turismo sostenible ha dado lugar a medidas concretas: Barcelona regulando Airbnb