En el sector de los viajes, todo el mundo quiere un ranking justo… hasta que tiene uno propio


Skift Take

La búsqueda de viajes es una sucesión de subastas encadenadas: todos exigen equidad a la capa superior, mientras que venden su posición a la capa inferior.

La Comisión Europea ha impuesto esta semana una multa de 460 millones de euros a Alphabet —unos 525 millones de dólares— por dar preferencia a los servicios propios de Google en sus búsquedas. La resolución se refería a los resultados relacionados con hoteles y transporte y constituía la parte correspondiente a las búsquedas de una sanción más amplia de 890 millones de euros.

El sector turístico acogió con entusiasmo la noticia, y EU Travel Tech —entre cuyos miembros se encuentran Booking Holdings, Expedia Group, Airbnb y Tripadvisor— calificó la decisión como un hito para unos mercados digitales justos y abiertos.

Merece la pena analizar más detenidamente estos aplausos. Con la excepción de Airbnb, casi todas las empresas que exigen un trato justo por parte de Google también permiten que los proveedores de viajes paguen por una mayor visibilidad en su propio mercado. Su queja formal se refiere a la asignación de espacios: un Google en posición dominante concede a sus propias unidades los mejores espacios de la página y empuja a los consumidores hacia su propia subasta. Esa queja es justa. El mismo conflicto se repite en todos los niveles de la búsqueda de viajes.

Empieza por lo más alto

La Comisión concluyó que Google concedió un trato preferencial