Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 son una prueba de resistencia para los viajeros, no solo para los deportistas
Photo Caption: Flags for the 2026 Winter Olympics in Bormio, Italy. Beatrice Tagliaferri/Skift
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Milán-Cortina 2026 está poniendo a prueba si los grandes eventos modernos pueden funcionar sin un único centro de transporte dominante.
Por fin han llegado los Juegos Olímpicos de Invierno, pero los preparativos para una prueba de resistencia muy diferente llevan meses en marcha. No para los deportistas, sino para los visitantes comunes y corrientes que utilizan los aeropuertos y las redes de transporte del norte de Italia.
Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 se diferencian estructuralmente de cualquier edición anterior. Son los primeros que se celebran oficialmente en dos ciudades sede —Milán y Cortina d’Ampezzo— y se encuentran entre los más dispersos geográficamente de la historia.
Para reducir costes y cumplir los objetivos de sostenibilidad, los organizadores se valieron en gran medida de la infraestructura ya existente. Un total de 15 sedes de competición se distribuyen por el norte de Italia, separadas por cientos de kilómetros de montañas, valles y estrechos corredores de transporte.
Se espera que acudan alrededor de dos millones de visitantes a los Juegos Olímpicos de Invierno y a los Juegos Paralímpicos de Invierno que les seguirán. Entre ellos se cuentan más de 3.500 deportistas procedentes de 93 países.
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