La apuesta por la descarbonización del sector de la aviación parece más inestable que nunca
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La crisis del combustible en Oriente Medio ha defendido, sin quererlo, los combustibles sintéticos sostenibles (SAF) mejor que ninguna política lo haya hecho jamás, y ha puesto de manifiesto exactamente por qué el sector no puede tomar medidas al respecto.
Se suponía que este iba a ser el momento del combustible de aviación sostenible (SAF), cuando este podría proteger a las aerolíneas del aumento de los precios del combustible para aviones.
Sin embargo, el conflicto actual en Oriente Medio ha servido como un duro recordatorio de lo vulnerable que sigue siendo el sector aéreo a los combustibles fósiles. El precio del combustible para aviones se ha más que duplicado en menos de un mes, superando incluso el máximo alcanzado al inicio de la guerra de Ucrania en 2022, según el IATA Jet Fuel Price Monitor. Un suministro de combustible diversificado y de producción nacional —menos dependiente de las volátiles exportaciones del Golfo— es precisamente la protección que los defensores de la descarbonización llevan tiempo prometiendo que el SAF podría ofrecer.
Entonces, ¿por qué las aerolíneas no están cambiando? Porque no hay oferta suficiente. La producción de combustible sostenible para la aviación (SAF) sigue representando solo el 0,7 % de las necesidades totales de combustible del sector.